La perspectiva filosófica del sistema terapéutico floral de Edward Bach

La curación por las flores implica el reconocimiento de vibraciones energéticas que, provenientes de éstas, llegan a los individuos tratados transportadas por el agua. Pero detrás de esta síntesis prevaleció en Edward Bach una concepción filosófica de la enfermedad y los enfermos.

Según el médico galés, la enfermedad tiene sus raíces en un conflicto entre el alma y la mente. Cuando nuestra personalidad se desvía del camino trazado por el alma, fuere por la propia acción o por influencia de otros. Asimismo, provoca enfermedad todo acto de crueldad o mal hacia los demás, en tanto atenta contra la unidad.

Debido a ello, y pese a lo negativo de su apariencia, la enfermedad es en si misma beneficiosa, dado que permite percibir ese conflicto, ese desequilibrio emocional entre el alma y la mente y, consecuentemente, corregirlo. Así tanto la prevención como la curación están ligadas a la erradicación de nuestros defectos, no por enfrentamiento con el mal, sino por desarrollo y crecimiento de la virtud opuesta.

En este contexto las flores actúan fortaleciendo o desarrollando actitudes positivas de optimismo, alegría, paz, tranquilidad, paciencia, coraje, fortaleza, sabiduría interior y seguridad.

Finalmente, Bach sostiene que son siete los estados de ánimo o emocionales que pueden alterar la salud. El miedo, que bloquea las iniciativas vitales; la incertidumbre, que deja a merced de los demás; la falta de interés por la realidad; la soledad orgullosa y egoísta; la hipersensibilidad respecto del juicio ajeno; el desánimo o la desesperación; la preocupación excesiva por los demás con carácter posesivo.

Estos siete estados de ánimo conformarán los siete grupos emocionales en los que se agrupan las 38 esencias florales del sistema terapéutico ideado por Edward Bach.

Jorge Eduardo Padula Perkins







martes, 1 de marzo de 2011

Para saber cómo es la soledad…Water violet, Impatiens, Heather…

por Jorge Eduardo Padula Perkins

Cual fantasma amenazador o penosa realidad cotidiana, la soledad suele establecerse como una torturante presencia en la vida de muchos individuos. A veces se trata de personas carentes de familiares o amigos, pero en ocasiones, aún aquellos que están a diario rodeados de gente, padecen internamente por sentirse solos.
Desde esa perspectiva es lícito presumir que la génesis y el espacio vital de la soledad se encuentran en el mismo ser, es decir, en el alma de quien se percibe solo.

Edward Bach clasificó los desórdenes emocionales en siete grupos. Uno de ellos, el de la soledad. La soledad que para él, denotaba un conflicto entre el alma y la mente y era por lo tanto, un factor causante de enfermedades.

Tres perjudiciales tipos de soledad reconoció Bach, que se identifican con otras tantas flores cuya denominación adoptan a la hora de referir una caracterología o una sintomatología: Water violet, Impatiens y Heather.

Water violet

La violeta de agua (Hottonia palustris) es una planta acuática y sumergida, que crece en los pantanos. Es perenne y sus tallos brotan por encima de la superficie del agua. Alcanza sólo de cinco a quince centímetros de altura. Su flor presenta cinco pétalos tricolores con un centro amarillo que después deviene en blanco, en tanto la mitad hacia afuera luce un color rosa-malva. Tiene un perfume muy fuerte.

“Para quienes, tanto en la enfermedad como en la salud, prefieren estar solos”, dice Bach, y agrega que son “muy independientes, capaces y confiados en si mismos”, pero en su aspecto negativo se manifiestan orgullosos por sentirse superiores a los demás y actúan de manera crítica, intolerante y arrogante. Se valen por si mismos y no comparten sus problemas por entender que la inferioridad de los otros los hacen incapaces de darle una ayuda válida.

Esa percepción hace que el individuo se aparte y construya su propia soledad en el ensimismamiento.

Impatiens

“Impatiens gladulifera” es la denominación científica de Impaciencia, una flor silvestre proveniente de la región del Himalaya. Se desarrolla con facilidad en lugares húmedos, terrenos bajos cercanos a costas o canales de riego. Puede llegar a medir hasta un metro con ochenta centímetros de altura. Sus flores son rojas, a veces con tonos liláceos, tienen un sépalo inferior prolongado en espolón. 

Su nombre se asocia al “arrebato” con el que sus vainas de semillas maduras “explotan” y se esparcen a varios metros. En Inglaterra se la conoce como “Casco de Policía” o “Bálsamo indio”.

Junto con Clematis, Rock Rose, Cherry Plum y Star of Bethlehem, integra la fórmula del Rescue Remedy.

Edward Bach caracteriza a estos individuos como “rápidos en el pensamiento y en la acción” y deseosos de que “todo se haga sin vacilación ni demora”. Las resulta muy difícil tener paciencia con las personas lentas e intentan por todos los medios acelerar sus tiempos.

Se malhumoran con facilidad y pueden, en su franqueza descontrolada, tratar mal a las personas que los rodean, aunque superado el momento recuperan su equilibrio y se disponen a perseguir, sin pérdida de tiempo, otro objetivo.

Su soledad radica en no saber esperar al otro para transitar tramos de vida compartida.

Heather

En español Brezo (Calluna vulgaris) es también conocida como brecina o brezo vulgar. Se trata de un arbusto que puede medir hasta 80 centímetros. Se extiende en grandes cantidades formando brezales. Los pétalos de sus flores, que son muy olorosas y de color malva, no están unidos y forman una campana.

“Para quienes están constantemente buscando la compañía de cualquiera que esté disponible, pues les resulta necesario discutir sus propios asuntos…” Se sienten muy infelices si tienen que pasar tiempo solos.

La persona Heather sufre de tal grado de carencia afectiva que reclama permanentemente la atención de los demás y los abruma entonces relatando sus experiencias.

No hay soledad sin el otro.

El tema de la soledad es una constante en los pensamientos y reflexiones del género humano. Prueba de ello es que, a través del tiempo, se ha patentizado en la literatura, la filosofía, la psicología, la religión, la sociología y el arte, en tanto que, paralelamente, ocupa espacios medios de comunicación populares de interés general, divulgación o bienestar.

Intrínsecamente la soledad refiere a la persona, pero en relación (o, paradójicamente, en ausencia de relación) con el otro. Es decir que no hay soledad sin conciencia de otredad. Porque “el hombre cae en la cuenta de que vive separado de los demás; de que existe aquel que no es él; de que están los otros y de que hay algo más allá de lo que él percibe o imagina” (Ociel Flores).

Al respecto, Octavio Paz aseveró que “El hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro” y, aunque asegura que “estamos condenados a vivir solos”, señala que también lo estamos “a traspasar nuestra soledad y a rehacer los lazos que en un pasado paradisíaco nos unían a la vida”. Por esa razón –dice- la soledad “se nos aparece como una prueba y una purgación, a cuyo término angustias e inestabilidad desaparecerán”.

Desaparecerá, propugna Bach, la soledad del distanciamiento provocado por el sentimiento de superioridad y orgullo, con la energía positiva de Water violet. Desaparecerá la impaciencia e irritabilidad que, aquellos impulsados por la prisa, manifiestan respecto de los demás, con Impatiens. Desaparecerá la viscosidad verborràgica con la que ciertas personas se apegan a los otros en su egoísta desesperación por ser considerados, con Heather.

Entonces estará emocionalmente despejado y apto el camino para encontrarse con el otro, con la presencia del otro o con la imborrable marca de su ausencia, pero en cualquier caso dejando de lado la soledad como motivo de angustia ontológica. Así lo entendieron Edelmiro Molinari y Luis Alberto Spinetta cuando compusieron aquella canción (El tema de Pototo) que en los años sesenta hiciera famosa el grupo de rock argentino Almendra y que decía:

“La soledad es un amigo que no está
es su palabra que no ves llegar igual
si es que sus sueños son luces en torno a ti
tú te das cuenta que él ya nunca ha de morir,
Nunca ha de morir".



Bibliografía y fuentes:

Flores, Ociel (1999): Octavio Paz. La otredad, el amor y la poesía. En revista “Razón y Palabra” número 15. En línea: http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n15/oflores15.html [Consulta: 07-FEB-11]
Pastorino, Maria Luisa (1989): La medicina floral de Edward Bach. Editorial Club de Estudio. Buenos Aires.
Sanjurjo, María Angélica (1972): Celajes de la tarde. J. Héctor Matera S.A.I.C Editor. Buenos Aires.
http://www.institutobach.com.ar/  [Consulta: 04-FEB-11]
http://www.flores-bach.es/   [Consulta: 04-FEB-11]

jueves, 3 de febrero de 2011

El agua y las flores. De Bach a Emoto.

Jorge Eduardo Padula Perkins

De los 38 elementos que componen el sistema terapéutico floral diseñado por Edward Bach, hay uno que no es de origen vegetal; es agua. Agua de roca (Rock Water), originariamente proveniente de un antiguo manantial de aguas con propiedades curativas de la región de Gales.

Por extensión, y en palabras del propio médico galés, “se sabe desde hace mucho tiempo que ciertos pozos o manantiales tienen el poder de curar a algunas personas, siendo muchos de esos pozos o manantiales muy renombrados por sus propiedades. Puede utilizarse cualquier pozo o manantial del que se sepa que ha tenido poderes curativos y que aun permanezca en estado natural, resguardado por los santuarios del hombre”.

Objeto de culto de los antiguos griegos y romanos, que los consagraban a las divinidades, los manantiales son flujos naturales de agua que brotan de la tierra o entre las rocas, desde un solo punto o por un área reducida. Se originan en la filtración de agua, de lluvia o nieve, y pueden ser también de agua caliente, cuando tienen origen ígneo. Si bien su composición varía según la naturaleza del suelo o la roca de su lecho, suelen muchos de ellos estar provistos de sales minerales y otros componentes que dotan a sus aguas de las cualidades curativas a las que Bach refería.

Rock Water está indicada “para quienes son muy estrictos en su forma de vivir. Se niegan a si mismos muchas de las alegrías y placeres de la vida porque consideran que podrían interferir con su trabajo”.

Pero más allá de este elemento, el agua tiene una presencia constante y activa en la terapia floral. Ella admite y vehiculiza las vibraciones energéticas de las flores, desde la obtención de la esencia hasta su disolución para la utilización aplicada en caso.

El procedimiento primario para la producción de las esencias es el siguiente: “Se cortan los capullos de la flor elegida, buscando las de floración más perfecta, se colocan en un recipiente de vidrio delgado lleno de agua recogida de un arroyo claro e inmediato y se dejan en el campo, en el mismo lugar donde se han cortado, al sol, durante algunas horas. De esa manera, el agua queda impregnada de la energía de la flor y es muy potente”.

Es el agua entonces quien, en su estructura molecular, asimila y transmite la información energética vibracional de las flores.

¿Cómo puede el agua, de una forma fáctica y física tan simple, asumir y transferir la energía de las flores?

Distintos estudios sobre el agua echan luz respecto de su capacidad para recibir, conservar y trasladar información. Las moléculas de agua se constituyen en agrupamientos de diferentes tamaños denominados “cluster” (vocablo inglés que en español puede traducirse como racimo o conjunto) que, en contacto con distintas sustancias, reconocen su estructura y vibración, la asimilan y la transportan.

En esa capacidad, aunada a procesos de disolución y agitado, se basa la homeopatía. Creada por el médico alemán Christian Samuel Hahnemann, su principio básico es el de “curar con lo mismo”, mediante la administración de una pequeña cantidad de la sustancia cuyos efectos con grandes dosis sean similares a los que produce la enfermedad.

A través del agua, y en sucesivas etapas, el principio activo es diluido hasta su desaparición como tal, evitándose de este modo su toxicidad, pero conservándose sus características en las moléculas del disolvente, que entraron en contacto con aquel.

Investigaciones realizadas por el doctor Shui Yin Lo, mediante procesos de electrodinámica cuántica y otras mediciones, demostraron que los clusters asumen formas estructurales diferentes según el soluto inicial (la sustancia o principio activo) y que no se conforman por la simple disolución sin dejar de agitar, ni agitando sin diluir.

Asimismo, la espectroscopia ultravioleta ha indicado que los clusters se auto replican, aun sin la presencia del soluto original, en tanto adquieren un estado “metaestable” o de propia estabilidad en su nueva estructura “cargada” de la información obtenida de la sustancia.

Los estudios precitados asumen entonces que el agua es capaz de tomar, adoptar, conservar, transmitir y reproducir información propia de un elemento con el cual ha estado adecuadamente vinculada.

Los clusters pueden transportar información compleja y sutil, tal como proclama el principio de semejantes en que se basa la homeopatía, y además reproducirla, ya no a partir del soluto primigenio, sino de los propios clusters “informados”.

Pero la receptividad y capacidad de asimilación y reacción del agua no se limitaría a la energía proveniente de elementos físicos, sino se extendería, según algunos estudios, a los estímulos de origen inmaterial y emocional, los sentimientos y la conciencia.

El doctor en medicina alternativa Masaru Emoto ha realizado experimentos sobre muestras de agua provenientes de manantiales, fuentes, lagos, ríos, flujos subterráneos, pantanos y hielo antártico, de cuyas gotas congeladas tomó registro fotográfico a través del método de resonancia magnética, en distintas circunstancias provocadas sobre el agua mediante estímulos externos.

Algunas de las principales conclusiones a las que arriba Emoto son que el agua tomada en fuentes y arroyos limpios de montaña formó estructuras cristalinas más bellas, en contraste con los cristales deformados y distorsionados formados por las muestras de agua polucionada o estancada; el agua destilada expuesta a música clásica adoptó formas delicadas y simétricas; cuando se puso la canción de Elvis Presley “Heartbreak Hotel”, el resultado fue que los cristales helados se partieron en dos; las muestras bombardeadas con música heavy metal o expuestas a palabras negativas, o cuando se enfocaron sobre ellas intencionalmente, pensamientos o emociones negativos, el agua no formó cristales y en su lugar se crearon estructuras caóticas y fragmentadas; el agua tratada con aceites florales aromáticos tornó en cristales que tendieron a imitar la forma de la flor original.

Pensar el agua impregnada con sentimientos positivos y en capacidad de transportarlos y transferirlos, trae a la mente el “agua bendita”, dotada de las vibraciones, energías, sentimientos, pensamientos y deseos positivos. Más allá de la liturgia y el dogma de las religiones, el simple proponer el bien para el agua y, por transferencia, para quienes tomen contacto con ella. El agua como receptora y vínculo amoroso entre quien bendice y quien recibe el agua bendita.

Se percibe entonces la convergencia del agua con la filosofía del sistema Bach, tanto en lo referente al vínculo de amor que el médico británico propugnaba en relación con la unidad cósmica, cuanto a las capacidades del agua como asimiladora y distribuidora de vibraciones energéticas. Por eso la presencia de Rock Water en un esquema predominantemente floral; la utilización del agua en el sencillo proceso de generación de las esencias y, finalmente, su uso en la etapa final de preparación de los remedios, en la cual bastan dos gotas de cada esencia en 30 ml. de agua para conferir al enfermo lo que, metafóricamente, podríamos llamar “la bendición de las flores”.

Bibliografía y fuentes:


González, Alejandro (sin fecha): Simplemente agua. En línea:
Gray, Bill (2000): Homeopathy: Science or Myth?. North Atlantic Books. Berkeley.
Gross, Peter (sin fecha) Traducción: Isabel Ruiz Ayucar Seifert: Agua. Un ser genial y milagroso. En línea: http://www.agua-viva.de/es/aufsaetze.htm [Consulta: 31-ENE-11]
Pastorino, Maria Luisa (1989): La medicina floral de Edward Bach. Editorial Club de Estudio. Buenos Aires.
http://www.institutobach.com.ar/ [Consulta: 31-ENE-11]

lunes, 24 de enero de 2011

Bach y las cuatro esencias de tres castaños

por Jorge Eduardo Padula Perkins

Entre los 38 remedios florales propuestos por Edward Bach hay cuatro que provienen del castaño. Tres son los tipos de castaño que el médico galés incluye entre sus esencias florales: Castaño rojo (Red chestnut), Castaño dulce (Sweet chestnut) y Castaño blanco (White Chestnut).

Por su parte, este último aparece de dos formas, a saber: White chestnut y Chestnut bud. Es decir que el brote de castaño (Chestnut bud) correspondiente al sistema curativo de Bach no remite a cualquier forma de la especie sino específicamente al castaño blanco (Aesculus Hippocastanum).

En este orden de cosas resulta válido señalar que tanto White chestnut como Chestnut bud corresponden al grupo emocional de aquellos que sienten desinterés por el presente. White chestnut, para quienes tienen diálogos internos torturantes y reiterados, en los que persisten ideas desagradables. Chestnut bud, para quienes repiten errores y no aprenden de la experiencia. Dos formas de permanecer al margen del presente, ambas caracterizadas por la recurrencia, en un caso de pensamientos negativos, en el otro de errores.

Asimismo, podría referirse el vínculo entre White chestnut y Red chestnut ya que esta última es la flor indicada para aquellos casos en los que la preocupación por los demás se torna angustiante y persistente. Es, en palabras de Bach “para quienes encuentran difícil no estar ansiosos por los demás. Con frecuencia han dejado de preocuparse por si mismos, pero pueden sufrir mucho por sus seres queridos, anticipando frecuentemente alguna desgracia que pudiera ocurrirles”. Pero cuando tales pensamientos persisten hasta el punto de interferir en el normal desenvolvimiento de la vida cotidiana y adquieren carácter torturante, resultará White chestnut el remedio adecuado. El correcto diagnóstico diferenciado será, en estos como en la mayoría de los casos, parte de la labor del terapeuta floral.

Red chestnut

El castaño rojo (Aesculus carnea) es también conocido como castaño de Indias rojo y se trataría de un híbrido entre el castaño de Indias (Aesculus hippocastanum) y la Pavia roja (Aesculus pavia).

Es un árbol de forma ancha y columnar, con corteza pardo rojiza que puede alcanzar los 20 metros de altura. Las hojas, verdes oscuras, forman estructuras palmares con foliolos dentados en cantidad de cinco a ocho.

Las flores, que aparecen en forma de espiga de entre 12 y 20 centímetros de longitud, son inicialmente de color amarillo cremoso, ligeramente manchadas de rosa y posteriormente rosadas con manchas rojas. El fruto es redondeado, algo espinoso y encierra hasta tres semillas (castañas).

Las castañas de este árbol, de color rojizo y más brillante que las del castaño común, no son aptas para el consumo humano.

Como otras de su especie, aunque en menor medida, tiene algunas aplicaciones terapéuticas. La corteza en decocción tiene propiedades homeostáticas por lo que se usa para reforzar los vasos sanguíneos. Es también astringente y alivia la diarrea, el reumatismo y los desórdenes venosos.

En el sistema de Bach, como se refirió, Red chestnut es la esencia indicada para los que tienen miedo excesivo por los demás.

White chestnut.

El castaño blanco (Aesculus hippocastanum) o castaño de Indias es un árbol de gran porte de la familia de las sapindáceas.

Aesculus es la denominación que en latín se da a la encina, mientras que hippocastanum significa “castaña de caballo”, dado que en la antigüedad su fruto se utilizaba para alimentar al ganado equino doméstico.

Es un árbol que alcanza los 30 metros de altura, con un tronco erecto y numerosas ramas, con hojas grandes con entre 5 y 7 foliolos que desde lejos se asemejan a los dedos de una mano.

Las flores son blancas y forman racimos piramidales. La corola tiene cinco pétalos y el cáliz es en forma de campana. Posee estambres de color rojo pardo. El fruto, no comestible por su amargor, es la castaña, recluida en un envoltorio espinoso.

Es utilizado para tratar flebitis, várices, hemorroides y problemas vasculares. Por vía externa protege el cabello, razón por la cual existen diferentes tipos y marcas de champú que las incluyen en sus fórmulas. Su extracto fluido tiene utilización como protección antisolar para la piel. En grandes dosis puede ser tóxico.

En la terapia floral aparece, tal como se señaló, de dos maneras. White chestnut para el tratamiento de los pensamientos indeseados, persistentes y torturantes. Chestnut bud para quienes no aprenden de la experiencia y reiteran los errores.

Sweet chestnut.

El castaño dulce (Castanea sativa) es muy preciado por su fruto comestible. De crecimiento rápido, se desarrolla en terrenos secos y arenosos. De la familia de las fagáceas,  es un árbol de condición longeva que puede alcanzar hasta 30 metros de altura.El diámetro de su tronco llega a ser hasta de dos metros.

Su corteza es de color ceniza o parduzco, muy resquebrajada, aunque en los ejemplares jóvenes se presenta lisa y verdosa. Las hojas son grandes, de 10 a 25 centímetros de largo y hasta 10 de ancho, oblongo lanceoladas y marcadamente dentadas. De tonalidad verde oscuro, tornan a amarillas en otoño.

Produce espigas de flores pequeñas de color amarillo crema, engastes de masculinas que tienen en la base cinco o seis flores femeninas.En el interior de una corteza espinosa aparecen sus frutos comestibles.

Tradicionalmente se lo utilizó como fuente de alimentación, en particular para poblaciones campesinas, tanto mediante el consumo directo como mediante su integración a preparados culinarios, y también para los animales domésticos.

La castaña puede consumirse cruda, pero también cocida o asada. El marrón-glacé es un dulce de receta francesa en base a castañas. También se elaboran aguardiente, crema y pan de castañas.

En uso terapéutico, combate los síntomas de la tos, la faringitis y la diarrea.

Bach consideró a Sweet chestnut como “la flor del Ave Fénix” dado que su energía vibracional contribuye a restaurar la fe y la esperanza, y facilita el camino para un renacimiento espiritual luego de haber transitado “la noche negra del alma”.



Fuentes:


http://www.hierbitas.com/ [Consulta: 22-11-10]

http://www.floresdebach.info/ [Consulta: 22-11-10]





jueves, 20 de enero de 2011

Permacultura ¿camino hacia la “unidad de todas las cosas” a la que refería Bach en su filosofía?

Por Jorge Eduardo Padula Perkins

El médico galés Edward Bach, diseñador del sistema de curación por las flores, enmarcaba su propuesta terapéutica en una concepción de la vida como unidad indisoluble en todas sus manifestaciones.

Debido a ello es que, entre los factores alteradores de la salud, identificaba a “la crueldad o el mal frente a los demás”, por tratarse de atentados contra la unidad de la cual el individuo forma parte y en la cual se integra. Ese desequilibrio y el que se produce entre el alma y la mente, resultan para Bach las causas profundas de la enfermedad.

Es por eso que la medicina misma debe ser incruenta y armónica para ayudar al paciente al “a alcanzar un conocimiento de si mismo y a destacar en si los errores fundamentales que esté cometiendo, las deficiencias de su carácter que tenga que corregir, y los defectos de su naturaleza que tenga que erradicar y sustituir por las virtudes correspondientes” y “administrar los remedios que ayuden al cuerpo físico a recobrar fuerza y ayuden a la mente a serenarse, a ensanchar su campo y a buscar la perfección, trayendo paz y armonía a toda la personalidad”.

Tales remedios se encuentran para Bach en la naturaleza. Así las flores, cuya energía vibracional transmitida a través de procesos naturales con la intervención del agua y del sol, contribuye al equilibrio emocional de quienes lo necesiten.

Es por ello que se intenta en este artículo un abordaje descriptivo de los rasgos generales, teóricos y prácticos, de la permacultura, acaso una forma de poner en práctica la armonía del ser con la unidad, propuesta radical de la filosofía de Bach.

Si bien la permacultura nace como una experiencia eminentemente agrícola (permanent agriculture –agricultura permanente–), no tarda en expandirse conceptualmente en tanto que torna en modo de vida, con todo lo que ello involucra. Sus orígenes se remontan a mediados de los años setenta, cuando los australianos Bill Mollison y David Holmgren, desarrollaron una serie de ideas para la creación de sistemas agrícolas sostenibles. Fue allá por mediados de los años setenta cuando Mollison, profesor de una escuela de diseño ambiental y Holmgren, joven estudiante, construyeron un primer andamiaje de ideas para la creación de sistemas agrícolas con los que pretendían superar los rendimientos reales de la agricultura tradicional. Notaron que la agricultura industrial, orientada a los monocultivos y el uso de fertilizantes y pesticidas, contaminaban suelos y aguas dañando la biodiversidad y erosionando suelos fértiles.

En 1978, Mollison y Holmgren publicaron el primer libro referente a este concepto, bajo el titulo «Permaculture One» (Permacultura Uno). Bill Mollison, dotado de una personalidad carismática, expandió sus ideas a través de cursos y seminarios durante los años 80 y 90, a partir de los cuales se fueron formando nuevos practicantes y promotores de la permacultura en distintos puntos del planeta. Ya en los ochenta, el concepto tendió a traspasar los límites de lo agrícola para incluir aspectos sociales y del hábitat, hasta devenir en una cosmovisión holística.

La permacultura es entonces un concepto en construcción, vinculado a éticas y principios de diseño en el planeamiento, desarrollo, mantenimiento, organización y preservación del hábitat, cuyos ejes son el «cuidado de la tierra» (componente ecológico, orientado al uso cuidadoso de los recursos naturales), el «cuidado de la gente» (componente social, que promueve el derecho individual y colectivo al diseño del uso de los recursos desde lo particular hacia lo general, comenzando por la familia o grupo primario) y «compartir de una forma justa los excedentes y capacidades» (componente económico, que propone destinar productos y excedentes al seguimiento de los objetivos precedentes para constituir un circuito virtuoso de retroalimentación). Sostiene David Holmgren (2002), uno de los padres de la permacultura, que esta se ha enfocado históricamente en «el manejo de la tierra y la naturaleza como fuente y aplicación de los principios éticos y de diseño», pero que luego tales principios evolucionaron y «se aplican en otros ámbitos concernientes a los recursos físicos y energéticos así como a la organización humana».

En una conferencia ofrecida en la Universidad de las Naciones Unidas, en Tokio, en octubre de 1996, Mollison se refirió a la permacultura diciendo que «es esencialmente un sistema abierto, porque acepta información de cualquier fuente ya sea científica o tradicional, y no tiene por lo tanto ninguna forma didáctica o fija de hacer las cosas. La gente a veces dice que va a crear una permacultura como un ejemplo típico de permacultura y yo digo que difícilmente puede ser típica de sí misma. No hay una sola forma de hacer algo correctamente. En cada sitio será diferente».

«La permacultura –continúo diciendo Hill Mollison- se ha propagado por todo el mundo con la excepción, creo, de dos países y en todas partes es autóctona, con profesores locales que enseñan en su propia lengua. Y su crecimiento es geométrico: empezó en el año 1979 como un curso único que yo mismo enseñaba. Para el año 1980 ya había tres profesores y en el noventa varios cientos de ellos. En la actualidad hay varios miles, cuatro o cinco mil en inglés y otros tantos en otros idiomas. Y se extiende porque no posee un sistema jerárquico. No tiene una cúspide directiva y no hay ninguna persona por encima de otra. Se compone de pequeñas entidades independientes que se rigen por sí mismas sin necesidad de personal directivo. Quizás os parezca un disparate pero no tiene personal administrativo a sueldo ni plantilla. Asimismo no acepta ayudas del gobierno ni de la industria y por lo tanto es libre de hacer lo que le parece correcto en cada momento. Al no aceptar ayuda, no acepta líneas directrices y al no aceptar ayuda demuestra no sólo que la permacultura es autosuficiente sino que puede enseñar cómo lograr esta autosuficiencia a quien la conoce».

La amplitud del concepto

La permacultura es una faceta transversal del multiculturalismo, con principios éticos y de diseño que abarcan distintos aspectos tales como:

Manejo de la tierra y de la naturaleza: bosque-huertos, agroforestería, acuacultura, bancos de semillas, manejo integrado de plagas, conservación y manejo sostenible de espacios silvestres, agricultura orgánica o biodinámica.

Ambientes construidos: utilización de materiales naturales y locales, autoconstrucción, eco-construcción, climatización natural.

Herramientas y tecnología: sanitarios secos, composteros, energías renovables, tecnologías apropiadas, reutilización y reciclado, diseño para el ahorro.

Educación y cultura: huertas escolares, espíritu de arraigo, investigación activa, artes participativas, educación para la paz.

Bienestar físico y espiritual: parto en casa, muerte digna, yoga y otras disciplinas, medicinas alternativas y complementarias.

Economía y finanzas: sistemas locales de ahorro y préstamo, inversiones éticas, relocalización de comercio e intercambio, mercados de trueque, voluntariado.

Propiedad de la tierra y gobierno comunitario: cooperativas de producción y consumo, ecoaldeas, comunidades sostenibles, procesos participativos en la toma de decisiones, resolución de conflictos.


Se trata de una manifestación cultural vivencial y teórica, que no está arraigada en lo geográfico, ni en lo étnico, histórico, mítico, religioso o ritual, sino que fluye en la transversalidad de todo orden. Es un emergente moderno producto de la búsqueda de alternativas a la sobreexplotación de los recursos naturales. Es una cosmovisión que engloba una forma de ser y de hacer diferente a la hegemónica, tanto en materia de explotación y producción como en las formas de vida consecuentes con esa ética. El concepto de permacultura deviene de la agricultura pero no puede limitarse a ella debido a su
carácter holístico y sistémico que no le permite aislar una actividad humana del resto del quehacer y obrar de los individuos y los grupos. La propuesta permacultural se apropia, total o parcialmente y de manera creativa, de saberes ancestrales, muchas veces olvidados o dejados de lado ante la sensación de unicidad ideológica predominante. En tal sentido, reivindica y promueve el desarrollo humano en armónica concordancia con la naturaleza y no mediante el control y la dominación de ella.

Es por eso que no se trata de una variante simple dentro del sistema imperante, sino de una cosmovisión totalmente diferente y antihegemónica que, como se dijo, no se agota en una huerta orgánica, ni en un baño seco, ni en una economía de trueque, sino que se expande a una totalidad ética y filosófica existencial que comprende también formas de arquitectura, alimentación, concepción de la vida y del lugar individual y colectivo del ser humano en el contexto universal, que lo involucra empírica y teóricamente, desde los actos personales hasta las actividades comunitarias y sociales.

Ecoaldeas: un escenario para la permacultura

Las comunidades denominadas ecoaldeas son por lo general ejemplos de la motivación permacultural puesta en práctica, desarrollo y evolución colectiva. Alejandro Álvarez (sin fecha) ofrece una generosa caracterización de ellas, asegurando que asumen la compleja tarea de «crear un sistema armónico que supere la dualidad ‘cultura-naturaleza’ y que neutralice cualquier impacto ambiental negativo derivado de la actividad humana, haciendo de la sostenibilidad una vivencia cotidiana, para lo cual deben hallar las formas de preservar los hábitats naturales del lugar, producir alimentos, madera y otros bio-recursos, procesar los residuos orgánicos y líquidos generados en la Ecoaldea y verter el menor residuo tóxico posible, reduciendo al máximo toda generación de basura».

Es tema crucial para este tipo de organizaciones «el desarrollo de un sistema económico capaz de sostener el desarrollo humano, partiendo del principio de equidad, de no explotación de personas ni lugares, ni del futuro en beneficio del presente», como así también «cómo se tomarán las decisiones, con qué método y para qué tipo de decisiones; cómo se solucionarán los conflictos y cómo se harán cumplir las resoluciones comunitarias» (ibídem).

Para Jackson (sin fecha), «una ecoaldea es un asentamiento sostenible en un medio urbano o rural, que respeta y restaura el sistema circulatorio de los cuatro elementos, tierra, agua, fuego y aire, en la naturaleza y en las gentes. Estos cuatro elementos abarcan todos los aspectos de la vida humana: estructuras físicas (tierra), infraestructura (agua), estructuras sociales (fuego) y cultura (aire)».

Los cultivos orgánicos

Uno de los componentes fácticos de la permacultura está constituido por la implementación de la huerta orgánica. Esto es, los sistemas de cultivo basados en la utilización óptima de los recursos naturales, sin emplear productos químicos de síntesis u organismos genéticamente modificados (ni como pesticidas ni como fertilizantes), con el múltiple objetivo de obtener productos orgánicos más sanos para la alimentación, conservar la fertilidad de la tierra y respetar el medio ambiente de manera sostenible y equilibrada. «La agricultura orgánica –advierte Solórzano del Río (2003)- reconoce que la naturaleza es un ecosistema uniforme, sin embargo, consiste en muchas diferentes áreas ecológicas, cada una hecha de redes de especies de animales y plantas interdependientes, numerosas y locales. Así que cada granja orgánica necesita encajar en su vecindad ecológica local. Cuando encajamos las prácticas de siembra en un sistema natural diverso, el sistema mismo cuida de los problemas de producción. En la agricultura orgánica, el terreno se ve como un organismo, no como una fábrica».

El lugar donde vivir

Como se pude apreciar, el concepto de vida cotidiana está ineludiblemente impregnado de la filosofía permacultural de la que es indisoluble por naturaleza. De ahí que la vivienda se constituya también en uno de los pilares de esta opción existencial. El habitat humano reclama diseño y funcionalidad acordes con la sostenibilidad ambiental y, para ello, se utilizan en la construcción elementos naturales como barro y madera y se estructuran formas de aprovechamiento de energías naturales y conservación, tales como hornos y cocinas solares y baños secos. Según Sangronis Padrón (2009), «los muros y paredes hechos de adobes de barro son gruesos y su densidad es semejante a la del hormigón. Tiene una alta resistencia a los impactos y es totalmente ecológico y reciclable. Sus daños estructurales son fáciles de reparar y tanto el barro como la arcilla son protectores naturales en contra de hongos y bacterias, además de que como intercambian humedad con el exterior mantienen saludables niveles de humedad en el interior de las viviendas». En este sentido se realizan tanto pequeñas viviendas artesanales como producciones arquitectónicas de vanguardia que intentan asimilar el espíritu conciliador del quehacer humano con el medio.

El espíritu de la contracultura

Por su parte, la contracultura se alinea históricamente en la huella de movimientos políticos, sociales y culturales de oposición a la cultural oficial y los valores dominantes. En tal sentido se señalan como hitos contraculturales el romanticismo del siglo XIX, la generación beat, el movimiento hippie y el punk. Se trata entonces de conjuntos de valores, tendencias y formas sociales, con una amplia base vivencial y fáctica, que chocan con lo establecido, afectan a muchas personas y tienen continuidad en el tiempo, mientras se constituyen en alternativas al paradigma hegemónico.

Aunque con características propias de transversalidad, que no la sitúan en un tiempo y un espacio sino la diversifican a través de los años y los lugares en donde se arraiga, la permacultura es susceptible de ser considerada un movimiento contracultural contemporáneo de fuerte raigambre y proyección, que lucha por expandirse en medio del predominio absoluto de las formas ortodoxas de organización social, económica y cultural.

Como ha dicho Hill Mollison, la permacultura «es independiente, comprometida, activa, está en crecimiento permanente y está en todas partes, y se está convirtiendo en un gran empresario al emplear profesores y productores agrícolas. También se autofinancia. Y va a conquistar el mundo. Funciona tanto en zonas urbanas como en desiertos lejanos, desde el Ecuador hasta el Amazonas o el Ártico, llegando hasta el extremo norte de Rusia. No hay un lugar habitado donde no funcione la permacultura, desarrollando consigo sus propios sistemas educativos y financieros. Y todos ellos aplicables a gente sin recursos y sin dinero al no dar por supuesto que se posee algo de entrada».

¿Encuentro entre Bach y la permacultura?

Como se ha visto, la permacultura propone una apertura mental, liberadora de prejuicios y preconceptos, en pos de la integración plena y franca de la persona humana con la totalidad del entorno físico, psicosocial y cultural. Tal vez el espacio que, sin que se hubiese conformado todavía el concepto permacultural, imaginaba Edward Bach, fallecido en noviembre de 1936, cuando sostenía que “el Creador de todas las cosas es el Amor, y todo aquello de lo que tenemos conciencia es, en su infinito número de formas, una manifestación de ese Amor, ya sea un planeta o un guijarro, una estrella o una gota de rocío, un hombre o la forma de vida más inferior”.

Fuentes:

Alejandro Alvarez (sin fecha): Ecoaldeas: futuro que ya comenzó. En línea: www.caminosalser.com/321-ecologia/ecoaldeas-futuro-que-ya-comenzo  [Consulta: 23-MAR-2010]

Demarchi, Rogelio (1991): Flores de Bach, CS ediciones, Argentina.

Holmgren, David (2002): Principles & Pathways beyond Sustanability. Holmgren Desing Services. Citado en: www.tierramor.org/permacultura/queespermacultura.htm [Consulta: 22-MAR-2010]

Jackson, Hildur (sin fecha): El movimiento de las ecoaldeas. En línea: www.revistanamaste.com/el-movimiento-de-las-ecoaldeas [Consulta: 23-MAR-2010]

Mollison, Hill (1996): Permacultura. Conferencia en la Universidad de las Naciones Unidas, Tokio. En línea: http://www.ecoportal.net/content/view/full/21463 [Consulta: 27-MAY-2010]

Pastorino, María Luisa (1987): La medicina floral de Edward Bach, Editorial Club de Estudio, Buenos Aires.

Sangronis Padrón, Joel (2009): Barro, bambú, hábitat y revolución. En Ecoportal.net. En línea: http://www.ecoportal.net/content/view/full/83752 [Consulta: 27-MAY-2010]

Solórzano del Río, Héctor (2003): La agricultura orgánica. En Ecoportal.net. En línea: http://www.ecoportal.net/Contenido/Temas_Especiales/Desarrollo_Sustentable/La_Agricultura_Organica  [Consulta: 27-MAY-2010]










http://quierobarro.blogspot.com/ [Consulta: 27-MAY-2010]