por Jorge Eduardo Padula Perkins
Mundialmente conocidas, las Flores de Bach, son la base de la terapia desarrollada por el médico británico Edward Bach en la primera mitad del siglo XX.

Resulta curioso, más allá de la condición de remedios que adquieren a través de los procesos físicos y emocionales dentro del esquema curativo de Bach, el hecho de que muchas de estas flores y plantas han merecido la atención del hombre a través del tiempo desde otras perspectivas.
Agrimony, es la flor “para la gente que esconde sus problemas bajo una apariencia de placer y felicidad”, sostiene la teoría de Bach, y amplía afirmando que “la persona arquetipo de Agrimony sería el payaso triste, sufriendo angustia interna sin dejar de ser la vida y alma de la fiesta”.
En palabras del propio Edward Bach, “La gente jovial, alegre, humorística que ama la paz y se aflige por discusiones o peleas, que para evitarlas están dispuestos a renunciar a mucho.
Aunque generalmente tienen problemas y se atormentan e inquietan y preocupan en mente o en cuerpo, ocultan sus preocupaciones detrás de su humor y chistes y son considerados como muy buenos amigos a tener. A menudo toman alcohol o drogas en exceso, para estimularse a sí mismos y para ayudarse a soportar los tormentos con alegría”.
No obstante pueda esta planta deber su fama al sistema Bach, tiene una historia vinculada a la herboristería que data de tiempos muy antiguos.
La agrimonia o, en su denominación científica “Argimonia eupatoria”, es una planta herbácea , de la familia de las rosáceas, con un tallo erguido que puede alcanzar el metro de altura; el tallo está rematado por una inflorescencia de alegres flores amarillas que se disponen en un racimo suelto.
El vocablo agrimony o agrimonia devendría del griego Argemone o Argemon, que significa pequeña mancha en la córnea del ojo y la planta era empleada antiguamente para las “nubes de la córnea” (Leucomas, cataratas). Curiosamente esto resulta asociable con cierta característica de la personalidad Agrimony en el sistema Bach, que puede llegar a “no ver” como mecanismo de negación de aquello que de la realidad le incomoda.
El nombre latín de especie, eupatoria, recuerda a Mitrídates Eupator (123-63 a.C.), rey del Ponto (Asia Menor), descubridor del antídoto universal, mitridato. Asimismo, el monarca es considerado el descubridor de cualidades curativas de la agrimonia, con la cual aliviaba sus trastornos hepáticos.
Se dice que los herbolarios antiguos mezclaron agrimony con ranas golpeadas y sangre humana para curar hemorragias internas. Los anglosajones usaron agrimony para curar heridas y en mezclas para aliviar el dolor.
Paralelamente, esta planta tenía aplicación en la conservación de pieles y también como clarificador del vino tinto. De su corteza, tallos y raíces se extraía el tanino y aceite esencial del que se fabricaba una tintura azulada.
Las propiedades de estimulación de la actividad hepática ya se conocían en tiempos del médico, farmacólogo y botánico de la antigua Grecia Pedanio Dioscórides Anazarbeo, cuando la planta era utilizada ampliamente en el tratamiento de las enfermedades del hígado. También fue empleada contra las inflamaciones e hinchazones, mediante compresas aplastando la planta fresca, dado que, al ser astringente permitía que se formara una delgada capa coagulante sobre las heridas.
El amarillo de sus flores era considerado por los botánicos astrológicos un signo inequívoco de que se trataba de una planta de Júpiter. En ciertas cosmovisiones, Júpiter rige el hígado en el cuerpo humano y por ello resulta coherente la aplicación de esta planta en los trastornos hepáticos.
Algunos autores atribuyen el uso de agrimonia por parte de las brujas en la hechicería para disipar energías negativas y alejar maleficios.
En herboristería, agrimonia tiene, como se dijo, propiedades astringentes, que lo tornan útil para aliviar dolores de garganta y boca, mediante la utilización de una infusión en forma de gárgaras. Su ingesta puede ayudar a aliviar la tos y su uso en cataplasmas puede ayudar a curar llagas.
En algunos lugares se preparan infusiones para los trastornos de bazo, hígado e intestino o se echan sus flores al agua del baño para curar las heridas, la sarna o las tumoraciones.
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